El trauma psicológico

Muchas veces se escucha de forma coloquial la palabra trauma. Pero, ¿Qué entendemos los psicólogos por trauma?

La palabra trauma se deriva del griego y significa “herida”. El trauma, tanto físico como psicológico, es un acontecimiento que genera un daño, implicando dolor y otra serie de secuelas. Pierre Janet lo definió en 1920 como “el resultado de la exposición a un acontecimiento estresante inevitable que sobrepasa los mecanismos de afrontamiento de la persona”.

Suele ser un término que conlleva una connotación extremadamente negativa, tanto que se suele evitar o generar emociones como la culpa o vergüenza. En consulta, es habitual que se esquive esta pregunta, y el paciente responde cosas como “fue malo, pero pasó, para nada me han quedado secuelas de aquello”.

A la vez, en la población general se tiene la idea de que un trauma es causado por un evento de una gravedad objetiva, como una violación, y que otros eventos que no son tan impactantes no pueden ser traumas. Además de esta idea, es común que se piense que los traumas pasados se “curan” de forma espontánea, y que sentirse mal por diferentes eventos de la niñez no tiene sentido. Esto, junto con que se asocia a personalidad “frágil”, hace que hablar de ello sea muy complicado.

Hay muchas confusiones en la distinción entre trauma y trastorno por estrés postraumático (TEPT). El TEPT es una categoría del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (APA, 2013), en el que se incluyen diferentes criterios para diagnosticar el TEPT. A continuación, se exponen dichos criterios:

 

A. Exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea real o amenaza, en una (o más) de las formas siguientes:

  1. Experiencia directa del suceso(s) traumático(s).
  2. Presencia directa del suceso(s) ocurrido a otros.
  3. Conocimiento de que el suceso(s) traumático(s) ha ocurrido a un familiar próximo o a un amigo íntimo. En los casos de amenaza o realidad de muerte de un familiar o amigo, el suceso(s) ha de haber sido violento o accidental.
  4. Exposición repetida o extrema a detalles repulsivos del suceso(s) traumático(s) (p. ej., socorristas que recogen restos humanos; policías repetidamente expuestos a detalles del maltrato infantil).

Nota: El Criterio A4 no se aplica a la exposición a través de medios electrónicos, televisión, películas o fotografías, a menos que esta exposición esté relacionada con el trabajo.

 

B. Presencia de uno (o más) de los síntomas de intrusión siguientes asociados al suceso(s) traumático(s), que comienza después del suceso(s) traumático(s):

  1. Recuerdos angustiosos recurrentes, involuntarios e intrusivos del suceso(s) traumático(s).
  2. Sueños angustiosos recurrentes en los que el contenido y/o el afecto del sueño está relacionado con el suceso(s) traumático(s).
  3. Reacciones disociativas (p. ej., escenas retrospectivas) en las que el sujeto siente o actúa como si se repitiera el suceso(s) traumático(s). (Estas reacciones se pueden producir de forma continua, y la expresión más extrema es una pérdida completa de conciencia del entorno presente.)
  4. Malestar psicológico intenso o prolongado al exponerse a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso(s) traumático(s).
  5. Reacciones fisiológicas intensas a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso(s) traumático(s).

 

C. Evitación persistente de estímulos asociados al suceso(s) traumático(s), que comienza tras el suceso(s) traumático(s), como se pone de manifiesto por una o las dos características siguientes:

  1. Evitar o esforzarse para evitar recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos acerca o estrechamente asociados al suceso(s) traumático(s).
  2. Evitación o esfuerzos para evitar recordatorios externos (personas, lugares, conversaciones, actividades, objetos, situaciones) que despiertan recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos acerca o estrechamente asociados al suceso(s) traumático(s).

 

D. Alteraciones negativas cognitivas y del estado de ánimo asociadas al suceso(s) traumático(s), que comienzan o empeoran después del suceso(s) traumático(s), como se pone de manifiesto por dos (o más) de las características siguientes:

  1. Incapacidad de recordar un aspecto importante del suceso(s) traumático(s) (debido típicamente a amnesia disociativa y no a otros factores como una lesión cerebral, alcohol o drogas).
  2. Creencias o expectativas negativas persistentes y exageradas sobre uno mismo, los demás o el mundo (p. ej., “Estoy mal,” “No puedo confiar en nadie,” “El mundo es muy peligroso,” “Tengo los nervios destrozados”).
  3. Percepción distorsionada persistente de la causa o las consecuencias del suceso(s) traumático(s) que hace que el individuo se acuse a sí mismo o a los demás.
  4. Estado emocional negativo persistente (p. ej., miedo, terror, enfado, culpa o vergüenza).
  5. Disminución importante del interés o la participación en actividades significativas.
  6. Sentimiento de desapego o extrañamiento de los demás.
  7. Incapacidad persistente de experimentar emociones positivas (p. ej., felicidad, satisfacción o sentimientos amorosos).

 

E. Alteración importante de la alerta y reactividad asociada al suceso(s) traumático(s), que comienza o empeora después del suceso(s) traumático(s), como se pone de manifiesto por dos (o más) de las características siguientes:

  1. Comportamiento irritable y arrebatos de furia (con poca o ninguna provocación) que se expresan típicamente como agresión verbal o física contra personas u objetos.
  2. Comportamiento imprudente o autodestructivo.
  3. Hipervigilancia.
  4. Respuesta de sobresalto exagerada.
  5. Problemas de concentración.
  6. Alteración del sueño (p. ej., dificultad para conciliar o continuar el sueño, o sueño inquieto).

F. La duración de la alteración (Criterios B, C, D y E) es superior a un mes.

G. La alteración causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

H. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (por ejemplo, medicamento, alcohol, etc.) o a otra afección médica.

 

Pero ¿Qué pasa si no se cumple el criterio A? ¿no se puede desarrollar sintomatología sin que se atente de forma directa contra la vida de la persona?

Tanto la investigación como la clínica han demostrado que hay otro tipo de eventos que también pueden propiciar el inicio del TEPT. Entre las características más importantes de estos eventos son: la elevada intensidad del acontecimiento, su alta frecuencia, la exposición al acontecimiento en edades tempranas, y que el agente causante del acontecimiento sea el ser humano. Por ejemplo, personas que han sido víctimas de catástrofes naturales recuerdan el trato deshumanizador del servicio sanitario como el causante del mayor impacto a nivel psicológico.

 

Por ello, es importante diferenciar Trauma de Trastorno de Estrés Postraumático. El trauma, a nivel clínico, es una consecuencia de numerosos eventos además de los mencionados para el diagnóstico del TEPT.

  • El trauma “T” (equivalente al TEPT del DSM-V) es el producido a consecuencia de las vivencias que impliquen daño físico o peligro de daño físico, como son catástrofes, accidentes, agresiones, pérdidas, maltrato físico, abuso físico, diagnóstico de enfermedades propias o ajenas…
  • El trauma “t”: no son contemplados en el TEPT, ya no carecen de la característica de daño físico. Pueden ser muy diferentes en función de la persona y en función de diversos factores. Por ejemplo, eventos derivados de la falta de cuidados, desatención, desamparo, inversión de roles, negligencia, maltrato psicológico, abuso psicológico, traumas por omisión, humillaciones, insultos, divorcios, pérdida de trabajo…. Con la exposición repetida a todos ellos, pueden originar sintomatología del TEPT.

 

Además, el trauma puede ser algo puntual o provocado por eventos repetidos, o incluso un ambiente que se genera y se mantiene en el tiempo. En función de esta categorización, se diferencian dos tipos principales:

  • Trauma único.
  • Trauma acumulativo. Van der Kohl (2020) postuló el término “Trastorno de estrés postraumático complejo” en su libro “El cuerpo lleva la cuenta”. Se trata de la exposición a sucesos traumáticos o estresores a lo largo del tiempo que suelen ser interpersonales (familia, pareja, etc.). Estos eventos tienen efectos perjudiciales para la identidad, la personalidad, las relaciones interpersonales y la regulación emocional de la persona. Dichos problemas pueden llegar a ser más dañinos a nivel psicológico que un suceso grave pero puntual. Ejemplos son: el maltrato o abandono intrafamiliar, la negligencia, abuso emocional, invalidación por parte de personas significativas, convivencia con familiares con enfermedades físicas, psicológicas o adicciones, bullying…

Por ello, es importante que los psicólogos tengamos como referencia ambos conceptos de trauma, para poder hacer una evaluación y formulación del caso que se ajuste a las necesidades de la persona sin tener en cuenta únicamente el concepto del trauma del DSM.

 

 

 

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5ª ed.). Washington DC.

Janet, P. (1920). The major symptoms of hysteria: Fifteen lectures given in the medical school of Harvard University. Macmillan.

Van der Kolk, B. (2020). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria.

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