Cuando miras largo tiempo al abismo el abismo te devuelve la mirada

Para ti.

Para ti, que llevas tanto tiempo sosteniendo a todo el mundo que ya ni recuerdas cómo se siente ser sostenido.

Para ti, que siempre encuentras la forma de estar disponible, de resolver, de responder, de llegar a tiempo, de cumplir, de escuchar, de aparecer. Para ti, que te has acostumbrado tanto a ocuparte de los demás que hace tiempo dejaste de preguntarte qué pasa contigo.

Para ti, el trabajador invisible, el que carga con más de lo que se ve y recibe menos reconocimiento del que merece.

Para ti, estudiante, que miras alrededor y sientes que todos parecen haberse adaptado a una velocidad que tú no alcanzas, como si hubiera un lenguaje secreto que todos aprendieron menos tú.

Para ti, que sonríes en reuniones mientras por dentro todo parece distante.

Para ti, que vuelves a casa y sientes ese silencio pesado que no descansa, ese vacío que no tiene forma concreta pero ocupa cada rincón.

Para ti, que no sabrías explicar exactamente qué te pasa si alguien te lo preguntara.

 

Porque a veces no hay una tragedia evidente. Solo está esa sensación persistente de habitar la vida desde lejos, como si algo esencial se hubiese desconectado sin previo aviso.

Está el agotamiento que no se arregla durmiendo.

La sensación de que todo cuesta un poco más de lo que debería.

La dificultad para disfrutar de aquello que antes aliviaba.

La extraña experiencia de estar rodeado de personas y, aun así, sentirte profundamente solo.

Y quizás lo más difícil no sea siquiera el dolor.

Quizás sea no poder nombrarlo.

No saber cómo explicarlo sin sentir que exageras.

No encontrar palabras suficientemente precisas para describir ese hueco, esa niebla, esa desconexión silenciosa que hace que incluso los días “normales” se sientan cuesta arriba.

Si te reconoces en estas palabras, quizá necesitas escuchar algo importante: no estás solo.

Aunque ahora mismo la soledad se sienta absoluta.

Aunque tu cabeza te diga que nadie va a entenderlo.

Aunque hayas aprendido a esconder tan bien lo que sientes que incluso quienes te quieren no alcanzan a verlo.

No estás solo.

Y, sobre todo, no tienes que resolver esto únicamente desde el aislamiento.

Pedir ayuda no significa que hayas tocado fondo.

No significa que no hayas sabido gestionarte.

No significa que seas menos capaz.

A veces significa exactamente lo contrario: que has decidido dejar de librar en silencio una batalla que lleva demasiado tiempo desgastándote.

Hablarlo. Nombrarlo. Darle espacio. Compartir ese peso con un profesional que pueda ayudarte a comprender qué hay debajo de ese vacío, de esa tristeza difusa, de ese cansancio emocional.

La terapia no elimina mágicamente el dolor, pero puede ayudarte a entenderlo, sostenerlo y transformarlo.

A veces, el primer paso no es sentirse mejor.

A veces, el primer paso es simplemente dejar de cargar a solas con aquello que te está rompiendo por dentro.

Y quizá hoy, solo hoy, eso sea suficiente.

logo psicologia amorebieta
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.