¿Y si me pasa algo? Cuando la preocupación por la salud genera ansiedad

A todos nos ha pasado alguna vez: notar una molestia, una sensación rara o algún síntoma inesperado y empezar a preocuparnos.

¿Y si es algo importante?
¿Y si debería mirármelo?
¿Y si me está pasando algo y no me estoy dando cuenta?

Preocuparse por la salud es algo completamente normal. Al final, nuestro cuerpo nos importa y es lógico prestar atención a lo que sentimos. El problema aparece cuando esa preocupación empieza a hacerse demasiado grande y acaba ocupando más espacio del que nos gustaría.

Cuando cualquier sensación nos pone en alerta

Nuestro cuerpo está continuamente cambiando. A veces notamos palpitaciones, tensión, molestias digestivas, mareo o pequeñas sensaciones extrañas que no necesariamente significan que haya un problema de salud.

Sin embargo, cuando estamos más ansiosos o preocupados, es fácil empezar a estar mucho más pendientes del cuerpo. Y cuanto más pendientes estamos, más cosas notamos.

Lo que antes habría pasado desapercibido empieza a generar inquietud. Una molestia puntual activa pensamientos difíciles de parar y, casi sin darnos cuenta, entramos en un bucle.

La necesidad de quedarnos tranquilos

Muchas veces lo que hacemos tiene toda la lógica del mundo: intentamos calmarnos. Buscamos información, preguntamos a alguien cercano, comprobamos síntomas o intentamos encontrar alguna explicación que nos tranquilice.

El problema es que esa tranquilidad suele durar poco. Porque al rato aparece otra duda. Otra sensación. Otro “¿y si…?”.

Y así, lo que empezó como un intento de calmarnos acaba manteniendo la preocupación.

El problema de buscar respuestas en internet

Hoy en día, lo primero que hacemos muchas veces es buscar síntomas en Google. Y aunque la intención sea tranquilizarnos, normalmente ocurre justo lo contrario.

Internet ofrece muchísima información, pero sin contexto. Una misma molestia puede deberse a algo sin importancia… o aparecer relacionada con problemas mucho más graves. Y cuando ya estamos preocupados, nuestra mente suele engancharse precisamente a esas opciones.

Algunas señales de que esta preocupación quizá está ocupando demasiado espacio

  • Buscar síntomas con frecuencia.
  • Estar muy pendiente de sensaciones corporales.
  • Necesitar que otras personas nos tranquilicen.
  • Pensar rápidamente en enfermedades graves.
  • Tener dificultad para dejar de darle vueltas.
  • Sentir ansiedad relacionada con la salud de forma frecuente.

Cuidarse no es vivir en alerta

Preocuparse por la salud no significa exagerar ni montarse películas. Muchas veces detrás de esto hay miedo. Miedo a enfermar, a perder el control o a que ocurra algo grave. Pero una cosa es cuidarse y otra vivir en un estado de vigilancia constante intentando asegurarnos de que todo está bien. Y eso, además de agotador, suele aumentar todavía más la ansiedad.

Se puede trabajar

Cuando esto ocurre, muchas veces no se trata de encontrar más respuestas o hacer más comprobaciones, sino de entender qué está pasando y aprender a gestionar esa incertidumbre de otra manera.

Porque a veces el problema no está tanto en el síntoma… sino en todo lo que ocurre alrededor de él.

 

 

 

logo psicologia amorebieta
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.