Algunas conexiones emocionales, por muy genuinas y profundas que parezcan pueden llegar a convertirse en una “prisión”, de la que, aunque no tenga barrotes visibles, es difícil huir. Las relaciones humanas, por naturaleza, son complejas y a menudo impredecibles, sin embargo, algunas se tornan más desafiantes debido a patrones de comportamiento que atrapan a las personas en dinámicas insanas. Entre estos mecanismos, uno de los más habituales y peligrosos es el refuerzo intermitente. Son un vaivén de “todo o nada”, de “una de cal y otra de arena” que recuerda a la canción del grupo Pleura “+/-”, captando perfectamente la esencia de estas relaciones. (https://open.spotify.com/intl-es/track/1xRg3c0QEO1ni10xHmDKYX?si=e78cea7ec2ae4937 ).
La Ciencia de la “Adicción” Emocional: Dopamina y Expectativa
Antes de seguir hablando de las relaciones intermitentes, es importante comprender el concepto del refuerzo intermitente y sus implicaciones. Explicándolo de manera sencilla, pongamos como ejemplo que tienes un perro al que quieres enseñar a sentarse. Un refuerzo continuo sería recompensar al perro cada vez que se sienta (el 100% de las veces), mientras que el refuerzo intermitente sería recompensarlo, por ejemplo, dos de cada cuatro veces. A diferencia del refuerzo continuo, donde una conducta se ve recompensada cada vez que ocurre, en el refuerzo intermitente el “reforzador” o recompensa es impredecible y esporádico. Con esto se quiere decir que no depende únicamente de ese comportamiento determinado, si no que la adquisición de la recompensa es aleatoria, es decir, aunque se de el comportamiento a veces se refuerza y otras no.
Curiosamente (o no tanto, si se comprende el funcionamiento de este tipo de reforzamiento), se observa que las conductas ligadas a refuerzos intermitentes o parciales tienden a persistir mucho más y resulta más complicado romper el ciclo, es difícil de extinguir (Hogart y Villeval, 2014). ¿Pero por qué ocurre esto? La clave está en la anticipación de la recompensa. Esta anticipación libera una descarga dopaminérgica que causa placer, por el recuerdo de una acción que anteriormente ha sido reforzada, y este “subidón” es crucial para que repitamos la conducta y sigamos enganchados.
En palabras de Sapolsky (2017, en Tuculet y Pedrón, 2021) “nada alimenta más la liberación de la dopamina de lo que puede llegar a ser un refuerzo intermitente”, es decir, que ese juego de incertidumbre refuerza el ciclo. El sistema de recompensa incluye las siguientes estructuras y mecanismos neurales (Carlson y Birkett, 2018):
- Vía mesolímbica, con estructuras como núcleo accumbens y área tegmental ventral. Se encargan de poner en marcha esa descarga dopaminérgica, que resulta en una sensación de placer. Siendo una condición necesaria (aunque no suficiente) para el establecimiento de una conducta “adictiva”. En este caso, la expectativa de que la pareja sea afectuosa se codificaría como placentera.
- Cuerpo estriado. Se encarga del cambio conductual convirtiéndolo, al cabo de tiempo, en compulsivo. Dicho de otro modo, al principio, esa conducta sería para lograr el refuerzo, pero pasado un tiempo entraría en nuestro repertorio habitual de conducta. Extrapolando a relaciones de pareja esta podría verse en acciones que buscan volver a lograr el afecto (como enviar mensajes, solicitar atención…).
- Corteza prefrontal. Esta parte sería la encargada de tomar decisiones como la asunción de riesgos y el control de las conductas inapropiadas. Como por ejemplo, ignorar las llamadas “red flags” de una persona que actúa de manera intermitente.
Amor a Cuentagotas: Un caso ficticio
La explicación de un caso que nos facilite la comprensión de lo que puede llegar a ser una relación intermitente puede ser útil. Vamos a exponer el caso de Javi y Laura quienes se conocieron a través de un amigo. Al principio, Javi era muy atento, siempre escribía mensajes, tenía iniciativa para proponer planes, y parecía estar realmente interesado en la relación. Laura, por su parte, se sentía cómoda con su atención y comenzó a desarrollar sentimientos por él. Después de unos meses de salir, empezaron a notar algunas diferencias en sus expectativas y formas de actuar. Javi, que al principio estaba muy presente, comenzó a mostrar señales de inseguridad y a distanciarse ocasionalmente. Laura, sintiéndose confundida, lo confronta sobre su comportamiento, pero Javi decía que estaba bien y que solo necesitaba tiempo. Así, comenzaron un ciclo en el que a veces todo iba bien, estaban juntos y se comportan como pareja; pero, de repente, Javi se alejaba, y Laura quedaba esperando que él volviera a mostrar el mismo interés. Después de un tiempo separados, Javi volvía a buscar a Laura, diciéndole que la extrañaba y que quería intentarlo de nuevo. Este patrón se repitió varias veces, con momentos de cercanía e intensidad, cosa que a Laura la tranquilizaba, seguidos de periodos de distanciamiento y falta de compromiso, que la mantenían en un estado de ansiedad constante.
El refuerzo negativo como mantenedor de la conducta
Como puede observarse en este caso, y como ocurre en las adicciones, la adicción se establece por refuerzo positivo, aunque luego se mantiene por refuerzo negativo (Carlson y Brikett, 2018). Para comprender estos conceptos con mayor facilidad, vamos a basarnos en el ejemplo del caso de Javi y Laura.
- El refuerzo positivo ocurre cuando se nos ofrece un estímulo positivo después de una conducta, aumentando la probabilidad de que la conducta se repita en el futuro. En este caso puede verse el refuerzo positivo en el inicio de la relación (con mensajes, citas e interés constante).
- El refuerzo negativo, en cambio, se produce cuando se elimina un estímulo aversivo tras una conducta, lo que también incrementa la probabilidad de que la conducta se repita. En este caso, podemos observar el refuerzo negativo en Laura con “vueltas” de Javi, es decir, tras un periodo de distanciamiento, vuelve a reconectar. Esto en Laura provoca (aunque sea a corto plazo) la reducción del malestar emocional, reforzando la dinámica de espera y esperanza, y perpetuando el patrón intermitente de la relación.
De esta manera podemos observar que aunque el vínculo “boomerang” que mantienen se forma gracias al refuerzo positivo, lo que mantiene a Laura enganchada en el ciclo es el refuerzo negativo.
Implicaciones a nivel de salud mental
Las relaciones basadas en el refuerzo intermitente pueden tener consecuencias devastadoras. Las personas implicadas en estas dinámicas suelen experimentar:
- Ansiedad y depresión, sobre todo en momentos de distanciamiento, que puede llevar a estados ansiosos, de desesperanza y tristeza.
- Deterioro de la autoestima. Las inconsistencias vividas en el refuerzo de la relación puede llegar a hacer que se cuestione el propio valor, llegando incluso a culpabilizarse de la falta de atención o cariño.
- Dependencia emocional. Como ya hemos explicado la intermitencia de la recompensa alimenta esta rueda de dependencia, haciendo que la persona que está en esta red necesite desesperadamente la validación de su pareja para sentirse bien.
Romper el ciclo
Romper el ciclo no es sencillo, pero es posible con las estrategias adecuadas. Podríamos iniciar con los siguientes pasos:
- Identificar y reconocer que es una relación con dinámicas de refuerzo intermitente.
- Establecer límites. Definiendo qué sería aceptable y qué no en la relación. Reflexionar sobre qué podemos cambiar en la relación para que el ciclo no se continúe perpetuando.
- Fortalecer redes de apoyo. Rodearte de personas que te apoyen emocionalmente, que puedan brindarte un sostén emocional y perspectiva externa.
- Empoderamiento personal. Mejorar tu autoestima, recuperar la confianza en ti mismo y desarrollar una visión más adaptada de lo que eres. Reafirmar tus valores y necesidades emocionales para “atraer” relaciones más saludables.
- Buscar apoyo profesional. La terapia psicológica puede ser invaluable para comprender cómo has aceptado estas dinámicas que tanto han afectado a tu autoestima y emociones. Esto puede ayudarte a reconstruir tu autoestima, a explorar cuáles son tus verdaderas necesidades emocionales y enseñarte a establecer límites de manera asertiva y saludable.
El refuerzo intermitente, además de poderoso, es habitual. Podemos encontrarlo en adicciones, en el funcionamiento de las redes sociales (el swipe de tinder y la impredecibilidad de recibir un match, las notificaciones de diferentes aplicaciones…), en el marketing, y como hemos hablado, también en las relaciones sociales. Aun así, no podemos considerar que el refuerzo intermitente sea malo per se, todo depende de cómo se aplique y con qué objetivo se utilice. Como ejemplo, puede llegar a tener aplicaciones beneficiosas, por ejemplo en la educación, podríamos lograr que una persona mantenga una conducta adecuada de manera persistente si lo aplicamos correctamente.
Como vemos en el caso explicado, Laura empezó una relación donde recibía el cariño y atención que necesitaba (refuerzo positivo), pero a medida que pasa el tiempo esto se vuelve intermitente. La anticipación del posible refuerzo y su espera la tiene en un vilo (aunque el sistema de refuerzo se encarga de no extinguir esta conducta a la espera de su ansiado refuerzo) y cuando Javi vuelve, Laura está en una nube (refuerzo negativo). Es habitual escuchar frases como “es que cuando estamos bien, estamos bien…” y se siente como una “montaña rusa”.
En conclusión, las relaciones basadas en el refuerzo intermitente pueden parecer emocionantes y apasionadas, pero a menudo conducen a ciclos de ansiedad y dependencia. Reconocer estos patrones es el primer paso a la liberación, que nos conduce a establecer límites, a buscar apoyos, y si es necesario, a abandonar la relación. El objetivo debe ser transformar esa “prisión emocional” y volver a un espacio de “paz mental” o “sensación de estar en casa” (con o sin la pareja).
Bibliografía:
Carlson, N.R. y Birkett, M.A. (2018). Fisiología de la conducta. Pearson.
Hogarth, R. M., & Villeval, M. C. (2014). Ambiguous incentives and the persistence of effort: Experimental evidence. Journal of Economic Behavior & Organization, 100, 1–19. https://doi.org/10.1016/j.jebo.2014.01.006
Tuculet, J. y Pedrón, V.T.(2021). Loot boxes, apuestas y juego patológico: análisis de sus efectos psicofisiológicos en los usuarios. Revista de Psicología y Pedagogía, VI, 10-15. https://p3.usal.edu.ar/index.php/psicol/article/view/6373