- Culpa por ser el hijo que no presenta la condición crónica
- Frustración, al no poder permitirse algunos de los conflictos inherentes a cualquier relación de hermanos.
- Aislamiento y pérdida de atención parental, así como incomprensión por parte del grupo de iguales.
- Mayor madurez y sensibilidad, desarrollando una visión más amplia del mundo y de la diversidad. A medida que van creciendo, comienzan a darse cuenta de que no todo el mundo comparte algunos valores y creencias de su familia
- Resentimiento por la pérdida de atención y trato desigual de los progenitores
- Incremento de las responsabilidades y de la autoexigencia, como una manera de compensar a los padres.
A veces, todo esto ocurre de manera muy silenciosa, detrás de creencias tales como: «Veo a mis padres muy sobrecargados y no quiero dar más problemas» o «No puedo sentir celos de mi hermano, porque él necesita más atención que yo.”
- Resolver dudas acorde a la edad de nuestro hijo y ofrecerles información honesta
- Permitir la expresión de sentimientos negativos y validarlos. Es importante conocer que ellos también experimentan las frustraciones comunes que acompañan a cualquier relación de hermanos.
- Ofrecer espacios individuales y de calidad con cada progenitor
- Reconocer la individualidad y el esfuerzo de cada hijo
- Aprovechar apoyos disponibles para conocer a otros niños en situaciones similares, así como acceder a recursos de apoyo para padres
