Lo que decimos y lo que hacemos no siempre coinciden

Cuántas veces hemos criticado, ya sea de forma explícita o en nuestras cabezas, cuando alguien después de decir una cosa actúa de forma diferente.

Cuántas veces habremos dicho nosotros algo y, siendo conscientes de ello o no, hemos actuado de otra forma.

En cualquiera de estas dos situaciones, solemos usar la palabra hipócrita con una connotación negativa. Lo hacemos para señalar a quienes son incongruentes entre lo que dicen y lo que hacen. No obstante, es un concepto más humano de lo que,en ocasiones, hemos podido llegar a imaginar.

Nos pasamos la vida construyendo una imagen de quiénes somos y de nuestros valores; solemos preferir considerarnos personas honestas, responsables, empáticas o comprometidas. Luego viene la realidad del día a día y nos enfrenta a situaciones en las que nuestras acciones no siempre reflejan esos principios de forma clara. Aquí aparece lo que en psicología llamamos disonancia cognitiva. Para que nos entendamos mejor, esto significa que hay un malestar que sentimos cuando nuestras creencias, valores y comportamientos se contradicen.

Muchas veces estas contradicciones nos muestran lo compleja que es la conducta humana, porque está influenciada por las emociones, circunstancias, necesidades y presiones sociales que nos envuelven a diario. No somos máquinas que funcionen solo con lógica y coherencia; también somos emociones, hábitos aprendidos y procesos que hemos automatizado. Todo ello no siempre puede ir en la misma dirección y por eso en ocasiones actuamos de forma inconsistente sin intención de engañar a los demás.

Sin embargo, cuando la incoherencia entre lo que decimos y lo que hacemos se mantiene en el tiempo, pueden aparecer dificultades en las relaciones personales. Si exigimos a los otros comportamientos que no estamos dispuestos a seguir o tenemos un discurso moral que nos ayuda a mantener un reconocimiento social mientras actuamos de forma contraria sistemáticamente, puede darse una pérdida de confianza por quienes nos rodean y deteriorarse la relación.

Aunque tenemos una buena noticia. La autoconciencia nos puede ayudar a reducir las situaciones en las que nos comportamos de forma poco coherente con nuestro discurso. Si reflexionamos sobre nuestras contradicciones, podremos reconocer y después aceptar nuestros errores y que no siempre actuamos acorde con lo que decimos o pensamos. Este es un paso muy importante en el crecimiento personal que muestra madurez psicológica, puesto que además de identificar las incoherencias, trabajamos sobre ellas con honestidad.

Todos podemos experimentar la distancia entre lo que pensamos, sentimos y lo que hacemos. Poder ver esta realidad desde una actitud reflexiva y responsable hace que podamos tener una mirada más compasiva hacia nosotros mismos y los que nos rodean.