Hay veces que nos preguntamos por qué respondemos o hacemos ciertas cosas que, de forma objetiva, nos están generando un malestar o consecuencia negativa. Esto es algo que nos ocurre a todos y no es poco frecuente. Se conoce como ganancia secundaria y en psicología, dificulta el logro de los objetivos de intervención. Esto se debe a que la persona que se está beneficiando de ella, antepone mantenerse en ese malestar por las consecuencias positivas que supone. Genera una resistencia al cambio y un mantenimiento en el tiempo de la problemática.
Habitualmente no somos conscientes del beneficio que estamos obteniendo, por ello es importante empezar por identificalo. Una vez que sabemos qué está sucediendo podemos empezar a hacer algo al respecto. Asimismo, hay personas que una vez que son conscientes de esto deciden mantener esa misma respuesta, pero esto ya no es ganancia secundaria. Aquí estaríamos hablando de una manipulación, de ahí que la frase que hemos oído tantas veces “ya sabes cómo soy” para justificar un comportamiento, no es tan inocua como puede parecer. Pasa de ser algo modificable y de lo que nos podemos responsabilizar a algo con lo que parece que no se puede hacer nada.
Tal y como se ha mencionado, consiste en una serie de beneficios que se obtienen de una situación adversa. Estos beneficios pueden ser personales, sociales, de atención, de evitación de responsabilidades o conflictos, e incluso económicos, entre otros.
Existen diferentes formas de “soltar” esta ganancia secundaria tras su identificación. Podemos empezar por el problema principal y su funcionamiento, ver de qué manera nos afecta y qué sucedería si no estuvieran esos efectos tanto positivos como negativos. Algunos de ellos tienen mayor relevancia que otros para uno mismo, y sería interesante buscar otras formas de alcanzarlo para poder realizar este cambio. Por ejemplo, si siento que necesito que las personas importantes para mí me muestren afecto de manera directa (mediante abrazos, besos o expresión verbal de ese cariño) y veo que el no recibirlo me hace sentir no visto, no querido o rechazado, tendría que cuestionarme qué está sucediendo. Si el beneficio hasta ese momento ha sido poder evitar esa situación que resulta ansiógena para mí, tengo que trabajar en pedirlo o verbalizarlo, ya que es mi necesidad. Ambas situaciones terminan generando el mismo beneficio, la diferencia es que una de ellas mantiene el malestar a largo plazo y la otra, aunque pueda parecer aversiva en un primer momento, me permite ser responsable del cambio para satisfacer mi necesidad.
Existen muchas repercusiones negativas que puede tener la ganancia secundaria, por lo que a continuación se mencionan algunas de ellas: no enfrentar conflictos, de manera que estos no desaparecen y probablemente se vuelvan mayores; puede derivar en que dependamos de los demás, ya que no desarrollamos herramientas para responsabilizarnos de lo que nos afecta; nos mantenemos en el dolor; provoca una percepción más negativa del futuro y por lo tanto, nos paraliza en mayor medida lo que resultar frustrante.
Para terminar, algunas de las herramientas que podemos trabajar para evitar encerrarnos en esto son el poner límites y aprender a decir que no, entrenar la tolerancia a la frustración cuando somos quienes reciben esos límites, trabajar en asumir nuestra responsabilidad, o pedir ayuda.
Puede ser un proceso algo tedioso al comienzo, pero trabajar en satisfacer nuestras necesidades de una forma sana para nosotros y aquellos que nos rodean es una manera de cultivar el bienestar emocional y relacional a largo plazo.