Por qué seguimos al grupo: conformidad y presión social

Los seres humanos somos seres profundamente sociales y necesitamos estar alineados con el grupo. A veces tomamos decisiones influenciadas por ello sin darnos cuenta y, otras, nos lleva por caminos que nunca hubiésemos elegido. 

Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Por qué adoptamos conductas o creencias que otros tienen?

A continuación se intentará explorar la conformidad y la presión social de una forma comprensible. 

 

Por un lado, tenemos que tener en cuenta que nuestras emociones y la forma en la que convivimos con los demás influyen mucho en nuestro sentido de pertenencia con un grupo o con un lugar. Cuando alguien o algo nos hace sentir bien aparece un compromiso interno con esa fuente que nos aporta bienestar. 

Asimismo, cuando sentimos que nuestra identidad personal es reconocida y valorada ese compromiso se vuelve más fuerte.

Todo esto influye en nuestra personalidad, la manera en la que interpretamos el entorno y cómo ajustamos nuestras ideas cuando algo desafía nuestras interpretaciones. 

Por todo ello, el deseo de pertenecer a un grupo es tan fundamental como cualquier otra necesidad. Así, seguir a un grupo es un mecanismo automático que activa la sensación de seguridad. Es decir, cuando estamos alineados con los demás el cerebro reduce las áreas asociadas al miedo y la incertidumbre (como la amígdala). Al sentirnos fuera del grupo, en cambio, se activan regiones que están asociadas al dolor (sí, el rechazo duele de verdad) y son muy parecidas a las que se activan con el dolor físico.

Por lo tanto, la conformidad no es un defecto, es un instinto, y lo importante es aprender cuándo seguir a la masa están siendo adaptativo y cuándo no. 

 

Para entender mejor todo, tenemos diferentes estudios representativos:

  • El experimento de Solomon Asch (1951)

Para investigar hasta qué punto las personas se dejan influir por la opinión del grupo, reunían a varias personas en una sala y solo una de ellas era la participante real, siendo los demás actores. Les enseñaban tres líneas y tenían que responder qué línea tenía la misma longitud a la expuesta en el ejemplo (siendo obvia la respuesta).

Durante las primeras rondas todos respondían correctamente, pero luego todos daban respuestas incorrectas. A pesar de que el participante sabía que la respuesta era errónea, la mayoría de ellos decían lo mismo que el resto del grupo.

¿Por qué? Porque las personas pueden cambiar sus respuestas solo para ajustarse al grupo. 

  • El cerebro bajo presión social. Estudios posteriores.

Décadas después, numerosos científicos se propusieron investigar qué pasaba en el cerebro cuando nos enfrentamos al desacuerdo del grupo. 

Se utilizaron técnicas como la resonancia magnética funcional (fMRI) para ver qué zonas del cerebro se activaban y se replicó un experimento muy parecido al de Asch.

¿Qué vieron?

Cuando el individuo daba una respuesta diferente al grupo o veía que su opinión no coincidía con el resto, se activaban zonas del cerebro relacionadas con el conflicto, el dolor y el malestar. Así, el cerebro interpreta no encajar con una amenaza o fuente de estrés. 

Entonces… ¿Por qué seguimos a la masa?

  • Evolución: para sobrevivir el grupo era vital.
  • Seguridad cognitiva: reduce la incertidumbre. 
  • Recompensa cerebral: encajar activa circuitos de recompensa. 
  • Miedo al rechazo: el cerebro procesa el rechazo como el dolor físico. 
  • Normas sociales implícitas: aprendemos reglas implícitas sin darnos cuenta. 

 

¿La conformidad es mala?

No siempre. Por ejemplo, adoptar hábitos sanos porque tu entorno también lo hace o respetar unas normas de convivencia.

La conformidad se vuelve peligrosa cuando renuncias a tus valores para encajar, se silencia una crítica que era necesaria o la masa o el grupo sigue una idea irracional o dañina.

 

¿Cómo resistir la presión social sin quedar excluido?

  • Desarrolla el pensamiento crítico.
  • Retrasa la respuesta, tómate un segundo para pensar antes de responder. 
  • Busca la diversidad, rodéate de personas distintas.
  • Normaliza expresar el desacuerdo, no hace falta confrontar, solo sé honesto. 
  • Valida tu autonomía, no encajar puede ser señal de autenticidad
  • Y sobre todo, ¡no demonices tu necesidad de pertenencia!
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