En psicoterapia, una de las cuestiones que más a la orden del día están son los límites. Hacerlo puede implicar asumir riesgos emocionales como el miedo al rechazo, al conflicto, al abandono o a la pérdida de aprobación social. Todo ello pesa más que el costo psicológico de decir “si” cuando en realidad queremos decir “no”. Igualmente, la autoestima y las dinámicas que se dan en la relación de amistad, pareja o familia juegan un papel muy importante. Esto implica que otras personas puedan llegar a influir en nuestras decisiones o incluso dejar que las tomen por nosotros mismos. ¿Pero, creemos que diciendo que sí a todo evitamos el conflicto o la tensión?
Tendemos a sobreestimar las consecuencias negativas de decir que no y subestimar el impacto negativo que tiene aceptar o decir que si sobre nuestro bienestar. Así pues, la dificultad para poner límites suele tener raíces profundas en la construcción del autoconcepto y la autoestima. Muchas personas creen erróneamente que establecer límites es un acto egoísta, cuando, en realidad, es lo contrario: los límites son una forma de cuidar las relaciones evitando resentimientos, agotamiento emocional y dependencia afectiva.
Del mismo modo, no poner límites se relaciona con altos niveles de estrés, ansiedad e incluso con síntomas depresivos, porque la persona pierde el control sobre su tiempo, energía y decisiones. Una vez más, el cuerpo envía señales de que algo no va bien; te sientes usado, incómodo, te cuesta disfrutar, etc. Por eso mismo, establecer límites es una habilidad clave de regulación emocional y autocuidado, fundamental para prevenir la fatiga emocional. Sin límites claros no hay relaciones sanas, sino vínculos basados en la culpa, el miedo o la manipulación.