Mindfulness como herramienta terapéutica

En entradas anteriores del blog hemos hablado del Mindfulness, pero ahora vamos a profundizar en su eficacia como herramienta terapéutica. Primero, recordemos que el Mindfulness es una práctica proveniente de la tradición budista y que nos invita a estar en el momento presente, sin juzgar y aceptando lo que está ocurriendo. Aunque su origen sea ancestral, se ha demostrado su efectividad en el tratamiento de trastornos como el estrés, la ansiedad, entre otros.

El Mindfulness no implica suprimir los pensamientos, o como comúnmente le decimos “dejar la mente en blanco”. En lugar de esto, esta práctica nos invita a observar nuestros pensamientos, emociones y sensaciones físicas con una actitud de aceptación, sin juicio y con curiosidad. No se trata de cambiar lo que estamos sintiendo o pensando, sino de aceptar nuestra vivencia tal como es, sin luchar contra ella.

Es como si, en lugar de vivir en el “modo automático”, tomásemos un momento para frenar, respirar y observar lo que realmente estamos experimentando. Al ser más conscientes del presente, podemos alejarnos de la constante ansiedad por el futuro o de la tristeza por el pasado, y empezar a centrarnos en lo que está ocurriendo aquí y ahora.
 
Una de las razones por las cuales el Mindfulness se está utilizando tanto en terapia es por su efectividad en la regulación emocional. Muchas personas tienen dificultades para manejar sus emociones, y el Mindfulness por su lado nos enseña a observar nuestras emociones sin dejarnos llevar por ellas, lo que nos brinda una mayor capacidad para gestionarlas de manera constructiva.

Al aplicar el Mindfulness en un entorno terapéutico, se pueden utilizar diversas técnicas para permitir reconocer y modificar patrones de pensamiento y comportamiento que podrían estar contribuyendo a las dificultades emocionales. Algunas de las maneras en las que puede aplicarse:
– Meditación de atención plena: centrándonos en la respiración o en las sensaciones físicas del cuerpo para ayudar a calmar la mente y reducir el estrés.
– Técnicas de observación: para ayudarnos a observar los pensamientos y emociones sin juzgarlos, fomentando una mayor autoconciencia, facilitando así el reconocimiento de patrones y facilitando la regulación emocional.
– Reconectar emocionalmente: a través de ejercicios físicos o yoga, el Mindfulness ayuda a reconectar con el cuerpo y a liberar tensiones físicas y emocionales acumuladas.
– Aceptar sin juicio: en lugar de tratar de cambiar o suprimir las emociones, el Mindfulness enseña a aceptarlas tal y como son, lo que puede reducir la intensidad de emociones negativas.

Otro aspecto interesante que recalcar del Mindfulness es su relación con la neuroplasticidad. ¿Qué es la neuroplasticidad? Es la capacidad que tiene el cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones neuronales a lo largo de la vida. La práctica regular del Mindfulness puede cambiar la estructura cerebral, mejorando áreas relacionadas con la atención la toma de decisión y la regulación emocional. Por ejemplo, estudios han demostrado que el Mindfulness puede aumentar la actividad en la corteza prefrontal, la parte del cerebro encargada del control de los impulsos y las decisiones racionales, mientras que reduce la actividad en la amígdala, que está asociada con la respuesta emocional al miedo y al estrés.

Este cambio en la actividad cerebral es clave para las personas que luchan con trastornos emocionales, ya que les permite tener un mayor control sobre sus respuestas emocionales y, por lo tanto, mejorar su bienestar general.

Integrar el Mindfulness en nuestro día a día puede ayudarnos en nuestro bienestar emocional. Aprender a vivir en el presente con aceptación y sin juicio nos permite afrontar los desafíos con mayor claridad y equilibrio. Por lo tanto, el Mindfulness puede ser un gran aliado en este camino. ¿Te animas a incorporarlo en tu vida?


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