El 22 de septiembre se cumplen 9 años de la desaparición en redes sociales de Louise Delage. La joven parisina que por entonces tenía 25 años, alcanzó en apenas mes y medio 65.000 seguidores y más de 50.000 “me gusta” publicando fotografías y vídeos de sus vacaciones de verano. Tras 150 publicaciones cesó abruptamente su actividad en la red social Instagram, despertando la preocupación en muchos de sus seguidores. ¿Dónde se había metido Louise?
Los comentarios se sucedían, pidiendo que la joven modelo retomase su actividad en redes sociales. La verdad se reveló a finales de septiembre, en un último vídeo publicado en su perfil:
Ante el asombro de todos sus seguidores se destapó una incómoda realidad, la vida idílica que Louise había compartido durante las últimas semanas había sido perfectamente diseñada por la agencia publicitaria BETC. La sensación de engaño no hizo sino aumentar cuando sus seguidores fueron conscientes de que habían pasado por alto que en todas las fotografías y vídeos que Louise había compartido, aparecía consumiendo bebidas alcohólicas.
Detrás de esta campaña de marketing se encontraba Addict’AIDE, plataforma francesa de prevención y concienciación sobre adicciones. La asociación encargó esta acción publicitaria para concienciar a las personas sobre la difícil detección de las conductas adictivas, especialmente en lo relativo al consumo de alcohol.
Esta campaña de publicidad recibió diversos premios (Cannes Lions International Festival of Creativity, D&AD Awards & Clio Awards) y el reconocimiento unánime del público por expresar de manera tan gráfica una idea sencilla a la par que preocupante: las conductas adictivas son muy difíciles de detectar.
Los miles de usuarios detrás de cada uno de los comentarios y “me gusta” del perfil de Louise fueron víctimas de lo que en psicología social se conoce como “efecto halo”. Este sesgo cognitivo, ampliamente usado en el campo del marketing y la publicidad, hace referencia a cómo, una impresión positiva (o negativa) sobre una persona, marca o producto en un aspecto determinado influye en la percepción general de otras características no relacionadas, llevándonos a cometer juicios erróneos. En este caso, la lujosa vida de Louise y la personalidad carismática y juvenil que derrochaba en sus fotografías impidió ver al grueso de sus seguidores el problema de alcoholismo que la agencia publicitaria trató de transmitir, creando por tanto una imagen global de la vida de esta persona claramente sesgada.
Pero, ¿tan perjudicial resulta el consumo de alcohol? ¿Qué efectos tiene esta sustancia en el organismo?
Consumo de alcohol y sus efectos en la salud física y psicológica:
Es indiscutible que el consumo de alcohol repercute de manera negativa en el organismo, pero ¿cuáles son los efectos que esta sustancia produce en la salud de quien lo toma? Cuando una persona toma una bebida alcohólica, esta se deposita tanto en el estómago como en el intestino delgado. Desde el estómago, un 20% del alcohol consumido pasa a formar parte del torrente sanguíneo a través del cual se propaga por todo el organismo.
El diminuto tamaño de las moléculas de alcohol, así como su estructura química, le permite acceder sin restricciones al encéfalo, saltándose la principal medida de defensa que posee el cerebro, la barrera hematoencefálica (Blood Brain Barrier en inglés). Esta barrera impide que sustancias dañinas, como toxinas, patógenos (bacterias, virus) y muchos fármacos, entren en el sistema nervioso central.
Una vez depositado en el cerebro, son dos los principales neurotransmisores que se ven afectados: el ácido gamma-aminobutírico (GABA), responsable de reducir la actividad cerebral y el glutamato cuya función es la opuesta, la de aumentar la actividad cerebral. El alcohol actúa como un depresor del sistema nervioso, potenciando los efectos del GABA y por tanto provocando relajación, sedación y deterioro de las funciones cognitivas e inhibiendo la acción del glutamato, reduciendo la actividad cerebral y los niveles de energía. Esta interferencia en estos dos neurotransmisores explica claramente los efectos inmediatos que el consumo de alcohol tiene en la conducta de quien lo toma, provocando un discurso trabado, mala coordinación y un menor tiempo de respuesta.
A nivel estructural, son muchas las áreas cerebrales afectadas por el consumo de alcohol, pero las 3 principales son: el córtex prefrontal, responsable de la resolución de problemas, toma de decisiones y capacidad de juicio, el hipocampo, que juega un papel clave en la consolidación de la memoria y el cerebelo, encargado del movimiento y la coordinación.

A nivel cognitivo, el consumo puntual de alcohol provoca en el organismo un menor tiempo de respuesta, menor capacidad de concentración, menores habilidades de motricidad fina y el habla, como un discurso trabado. El consumo sostenido de alcohol produce cambios estructurales en el cerebro, afectando a las funciones ejecutivas encargadas del autocontrol, la regulación emocional, la planificación, la toma de decisiones, memoria, aprendizaje entre otras capacidades.
En el plano fisiológico, el consumo puntual de alcohol produce síntomas agudos como la intoxicación, problemas del sueño, dolor de estómago y migrañas frente al consumo crónico que aumenta el riesgo de enfermedades cardiacas, de enfermedades hepáticas y de desarrollar cáncer así como un aumento de la presión sanguínea. Por último, es importante destacar cómo el consumo de sustancias alcohólicas afecta significativamente los patrones de sueños, especialmente el sueño REM. Esta privación del sueño deriva en un peor funcionamiento cognitivo y por extensión a menudo también provoca una peor capacidad de regulación emocional, aumentando también las probabilidades de desarrollar daño cerebral en el futuro.
Los daños producidos por esta sustancia son proporcionales a la cantidad de alcohol consumida, cuanto más se bebe, peores son sus efectos sobre el organismo.
Efectos en salud mental :
El consumo de alcohol, al afectar directamente el cerebro y las capacidades cognitivas, se ha asociado con un aumento de la sintomatología ansioso-depresiva, problemas sociales y mayores tasas de suicidio. De manera recíproca, si un individuo desarrolla cualquier patología psicológica, puede aparecer una tendencia al abuso de alcohol u otras sustancias como estrategia de afrontamiento.

Y es que las consecuencias de esta bebida no se limitan a la salud física sino también a la salud psicológica de quien lo consume. Los efectos de esta sustancia resultan aún más perjudiciales durante las primeras etapas del neurodesarrollo, cuando el cerebro humano se encuentra aún en estado de cambio y crecimiento.
Consumo de alcohol etapas tempranas del neurodesarrollo.
El impacto del consumo prolongado de alcohol en el organismo explica la reticencia de países como Estados Unidos en permitir que la población menor de 21 años pueda consumir bebidas alcohólicas legalmente. Y es que diversos estudios establecen el final de la veintena de edad como la etapa en la que el cerebro se asienta, se consolida y está completamente desarrollado (Giedd, 2008).
Este hecho biológico hace que los datos que las instituciones arrojan sobre el consumo de alcohol en menores resulten aún más chocantes. Según la última Encuesta sobre uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España ESTUDES realizado el año 2023 a jóvenes de entre 14 y 18 años, el consumo de alcohol en adolescentes comienza a los 14 años. Una amplia mayoría de los jóvenes encuestados admitió haber bebido alguna vez en su vida y un quinto de ellos también consumió haber bebido el último mes. Un tercio de los encuestados afirmaron haberse emborrachado en el mismo periodo de tiempo o haber bebido cinco o más copas, vasos o cañas de alcohol en un tiempo aproximado de 2 horas. Este comportamiento se corresponde con lo que se denomina binge drinking o consumo en atracón (cinco o más bebidas en aproximadamente dos horas).”
El papel de la educación en estas edades tan tempranas resulta fundamental para prevenir que las nuevas generaciones caigan en el consumo habitual de alcohol o que lo vean como un elemento indispensable en sus interacciones sociales.
Las principales teorías del aprendizaje social subrayan la importancia del entorno educativo, padres, profesores y referentes culturales, en el aprendizaje del consumo responsable de bebidas alcohólicas. En este sentido hemos de entender que, a través del aprendizaje vicario, los niños y adolescentes aprenden, interiorizan y moldean sus conductas o maneras de relacionarse a través de la imitación de la conducta de sus referentes. Se denomina modelado precisamente al proceso concreto de imitar la conducta observada en figuras de referencia (padres, amigos, referentes en redes sociales).

Asimismo, otro componente fundamental es el sentimiento de pertenencia al grupo propio de esta etapa y cómo la búsqueda de aceptación y de respaldo social así como la influencia del entorno en el individuo pueden potenciar este tipo de hábitos en jóvenes y adolescentes, el consumo de alcohol como una forma de inhibición. Actuando como una herramienta para socializar, ser más natural y encajar.
Por último, desde una perspectiva más evolutiva hemos de entender el rol del juego simbólico como una parte fundamental en los humanos para interiorizar reglas y experiencias vitales. En este sentido, la tendencia natural en la adolescencia a ejercer su sentido de la libertad, su autonomía y la falsa sensación adultez les puede llevar a replicar las mismas prácticas que los adultos de su entorno cercano ponen en práctica. Siendo normal que en este juego de “ser adulto” los jóvenes quieran beber, fumar y aparentar independencia.
Por tanto, resulta fundamental entender que el alcohol no es una simple bebida, un pasatiempo o una elección trivial. Limitar al alcohol exclusivamente a la categoría de bebida nos aleja de entender la importancia que este cobra como agente pasivo dentro de una conducta adictiva.
Alcoholismo y trauma
En la quinta edición del manual de criterios diagnósticos de la American Psychiatric Association (DSM-V) en ningún momento mencionan la palabra alcoholismo, pero este manual sí que engloba distintos trastornos relacionados con el consumo de alcohol como por ejemplo: el trastorno por consumo de alcohol, por intoxicación alcohólica, por abstinencia de alcohol u otros trastornos inducidos por alcohol. Entre los elementos clave señalan evidentemente el consumo frecuente y en grandes cantidades de alcohol, la existencia de un deseo persistente o esfuerzos fracasados de abandonar o controlar el consumo el incumplimiento de los deberes fundamentales en el trabajo, la escuela o el hogar como consecuencia del consumo de alcohol. Estos son algunos de los elementos que pueden indicar que una persona se está relacionando de manera peligrosa con la bebida.
Más allá de criterios diagnósticos y de trazar la línea entre un consumo responsable o perjudicial del alcohol, las personas han de preguntarse ¿qué papel desempeña en mi vida el alcohol?

Y es que entender el papel del alcohol en la conducta adictiva forma parte clave en el camino hacia la resolución de la adicción al alcohol. La adicción no es una enfermedad o una decisión humana. Hemos de ampliar nuestra perspectiva de las adicciones y entenderlas como un intento de escapar al sufrimiento humano, en este contexto la sustancia aparece en la vida del individuo no como un problema, al contrario, se erige como una solución que le protege del dolor emocional de una experiencia traumática. La clave de la terapia y la intervención psicológica no se limita al cese del consumo de la sustancia, sino al desarrollo de estrategias de afrontamiento para gestionar ese dolor.
Muchas veces, el trabajo preventivo, el saber identificar pequeñas señales de alerta también resulta beneficioso a la hora de poder combatir una adicción. Estar en comunión con uno mismo y plantearse determinadas cuestiones sobre el porqué de nuestros actos a menudo resulta clave para erradicar esta conducta antes incluso de que llegue a manifestarse.
SoberCuriosity y prevención de conductas adictivas.
Los periódicos y medios de comunicación tienden a caer en el tópico de que cualquier tiempo pasado fue mejor, de que la tecnología, las redes sociales y el tejido social creado en los últimos años, lejos de favorecer el progreso, lo ha entorpecido. En este sentido, el efecto halo no es sino uno de los muchos sesgos cognitivos en los que caemos las personas cuando hacemos uso de las redes sociales. Si bien es cierto que en la era tecnológica es todo un reto no caer en sesgos ni heurísticos, las redes sociales también surgen como una oportunidad para mejorar y llevar un estilo de vida más saludable. En los últimos años ha surgido un nuevo movimiento cultural denominado “SoberCuriosity” (Curiosidad por la sobriedad en castellano), donde las nuevas generaciones se plantean cuál es el papel que desempeña el alcohol en sus vidas, especialmente en el ámbito social. Diversos iconos culturales han compartido sus experiencias personales a la hora de abrazar este cambio en sus vidas en su salud física y mental.
El popular actor británico Tom Holland que da vida al célebre superhéroe Spiderman en el universo cinematográfico de Marvel se ha postulado como un firme defensor de llevar una vida libre de alcohol, siendo también en un estandarte en la defensa del cuidado de la salud mental y de llevar hábitos digitales más saludables. A mediados del año 2023, hizo las siguientes declaraciones el podcast “On purpose” presentado por Jay Shetty sobre su experiencia personal sobre el consumo de alcohol:
“ Just like many Brits that had a very, very boozy December Christmas time, I was on vacation, I was drinking a lot (…) I just wanted to do Dry January and all I colude think about was having a drink. I was waking up thinking about it, I was checking the clock when it’s 12. And it just really scared me and I was like: wow, maybe I have a little bit of an alcohol thing. (…) I’ll do February as well. I’ll do two months off. If I can do two months off then I can prove myself I don’t have a problem.
Two months go by and I was still really struggling. I felt like I couldn’t be social, I felt like I couldn’t go to the pub and have a lime soda, I couldn’t go out for dinner, I was really struggling and I started to really worry that maybe I had an alcohol problem. If I can do six months without alcohol then I can prove to myself that I don’t have an alcohol problem.
And by the time I got to June the 1st I was the happiest I’d ever been in my life. I could sleep better, I could handle problems better, things that would go wrong on set that would normally set me off I could take in my stride, I had so much better mental clarity, I felt healthier, I felt fitter and I just sort of said to myself: why am I slaved to this drink? Why am I so obsessed about the idea of having this drink?
And I would look back and recognize that I would go to events for work and I couldn’t enjoy myself “until I’ve had a few beers. I really asked myself: why do you drink? Why are you drinking? And a lot of the time my answer would be: to feel more comfortable in a social environment.”
Hemos normalizado hasta tal punto el consumo de alcohol que este tipo de conclusiones resultan verdaderamente sorprendentes. Pese a sus efectos nocivos el consumo de alcohol está sumamente extendido y normalizado, siendo los abstemios un grupo muchas veces señalado y ridiculizado por priorizar la salud física y mental sobre la ingesta de bebidas alcohólicas. A menudo el alcohol actúa como un actor coercitivo, una especie de peaje social que nos acostumbramos a pagar cada vez que socializamos. ¿Hasta qué punto te compensa pagar ese peaje?