La trampa del mañana

Todos alguna vez hemos escuchado decir a alguien cercano o incluso a nosotros mismos frases como “en enero empiezo a leer más”, “el lunes empiezo el gimnasio”, «en septiembre me pongo a dieta”, etc. Esa costumbre de “dejar las cosas para mañana”, que no es solo una mala gestión de tiempo, sino un mecanismo psicológico profundamente arraigado. No es casualidad, ya que responde a nuestra necesidad de órden simbólico. Así pues, podemos pensar que buscamos fechas que representen un nuevo comienzo porque nos resulta menos angustiante pensar que el cambio pertenece a un futuro limpio, aún no manchado por nuestros fracasos.

Esta tendencia se relaciona con la procrastinación, pero no entendida como pereza, sino como una forma de evitación emocional. Cambiar implica enfrentarse a la incomodidad, a lo desconocido, al miedo,al fracaso, y sobre todo, a la posibilidad de no ser capaces de sostener ese cambio. Posponer nos da alivio inmediato: hoy no fallamos, hoy solo prometemos. Sin embargo, el problema es que ese alivio es momentáneo y se puede llegar a pagar con culpa acumulada.

Asociar los cambios a momentos concretos –el lunes, el inicio de año, el regreso de vacaciones– funciona como una excusa socialmente aceptada. Es una manera elegante de postergar sin sentirnos irresponsables. No obstante, también revela una creencia errónea: que la motivación aparece en fechas señaladas, cuando en general, aparece después de la acción, no antes. Además, esta forma de pensar fragmenta nuestra identidad: el “yo de hoy” no es responsable, el “yo del lunes” sí lo será. Está división interna nos permite seguir igual mientras mantenemos la ilusión del cambio. En el fondo, no esperamos a que llegue el momento perfecto; esperamos a convertirnos en otra persona sin pasar por el proceso incómodo de serla.

El verdadero cambio rara vez empieza en lunes, en enero o en septiembre. Empieza cuando dejamos de negociar con el tiempo y asumimos que no existe un escenario ideal para transformarse. Solo existe el presente, con su caos, su miedo y su imperfección.

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