En los últimos años se ha extendido la idea de que la población jóven experimenta más ansiedad en comparación a generaciones anteriores. Algunas de las opiniones más escuchadas entre los más mayores son las siguientes:
- Afirmar que se debe a que son la que se conoce como “generación de cristal” y su marcada sensibilidad ante la adversidad.
- Experimentar preocupación excesiva por la situación global y cómo esto está afectando a los más jóvenes.
Lejos de ser una simple percepción, se han realizado numerosos estudios que han llevado a la conclusión de que diferentes factores combinados han generado este pico de ansiedad en la sociedad dentro de los grupos más jóvenes.
¿Es cierto que experimentan más ansiedad?
La respuesta es sí. En los últimos 10 años se ha visto como la sintomatología ha incrementado en adolescentes y jóvenes adultos. Cabe destacar que cada día somos más conscientes de lo que implica la salud mental, siendo más sencilla de detectar. Su menor estigmatización también contribuye a que más personas verbalicen con libertad lo que experimentan, aunque esto no explicaría todo.
¿Qué factores están detrás?
Uno de los más señalados es el uso excesivo de la tecnología. Por un lado, las redes sociales favorecen la comparación social constante, lo que eleva el nivel de autoexigencia, y facilitan la exposición a contenido negativo (crisis económicas, conflictos bélicos, cambio climático, etc.). Además, su diseño genera adicción por la forma en la que nos recompensa y estimula de manera continua.
Por otro lado, el uso de pantallas antes de dormir se ha vuelto muy habitual. Esto afecta tanto a la cantidad como a la calidad del sueño: dormir menos o peor aumenta la ansiedad, y a su vez, la ansiedad dificulta el descanso, generando un círculo difícil de romper.
Ahora bien, debemos tener en cuenta que esto se asocia a un uso desmesurado, si no hablaríamos de efectos que podrían resultar incluso beneficiosos (como por ejemplo a la hora de relacionarse con iguales).
En definitiva, el impacto descrito no puede entenderse a partir de un único factor, sino de la combinación de todos ellos. Es precisamente este cambio global en la forma en que vivimos, nos relacionamos y nos enfrentamos al entorno lo que ayuda a explicar la cuestión de la que partíamos.