El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico caracterizado por la presencia de tics motores crónicos y tics vocales (fónicos). Dichos movimientos o vocalizaciones son repentinos, rápidos, no rítmicos y recurrentes y han de persistir durante al menos un año. Este trastorno se manifiesta en la etapas infantiles o en la adolescencia, donde en líneas generales, la persona que lo sufre comienza a percibir los primeros síntomas de movimientos involuntarios (Tics) en la cara, brazos o extremidades. Estos tics se caracterizan por ser frecuentes y rápidos, siendo habitual que los primeros TICS que se manifiestan sean parpadeos, contracción de la nariz o muecas. Estos movimientos involuntarios, en casos más graves, pueden llegar a manifestarse en movimientos incontrolados de todo el cuerpo, patadas o pisotones (Robertson, 2016). El diagnóstico requiere necesariamente la existencia de varios tics motores y al menos un tic vocal (Szejko et al., 2021).

Origen:
Hemos de comenzar por esclarecer que este síndrome parece no tener un origen único claro. Las principales investigaciones han estudiado como puede deberse a alteraciones de algunos neurotransmisores entre los que principalmente destacan la dopamina, serotonina y noradrenalina (Johnson et al., 2022).
Asimismo estudios recientes han investigado como este síndrome puede tener cierto componente genético y hereditario. Por último, diversas líneas de investigación han apuntado como ademas de las mencionadas hormonas anteriormente descritas, este síndrome también implica la alteración de estructuras cerebrales específicas cuyas funciones principales están asociadas al control del movimiento y la inhibición de impulsos como los ganglios basales (estructura responsable de la planificación y control del movimiento) ,corteza promotora y motora (responsable de la preparación y ejecución del movimiento) y la corteza cingulada anterior y la ínsula (áreas asociadas a esa sensación premonitoria que siente la persona cuando se va a dar el tic). La activación de estas áreas lleva a la persona con síndrome de Tourette a sentir es “necesidad” o tensión que únicamente se ve aliviada al llevar a cabo el Tic. Asimismo, testimonios de personas con este síndrome han manifestado como pueden llegar a controlar el Tic durante un corto periodo de tiempo pero esto les puede llevar a que posteriormente noten un incremento tanto en la necesidad de llevarlos a cabo como en la intensidad o frecuencia de los mismos (Singer & Augustine, 2022).
Como se ha comentado previamente, no existe una única causa conocida que provoque el síndrome de Tourette por lo que no se puede establecer una etiología concreta que explique porqué se da.

Sintomatología
Para que una persona sea diagnosticada con síndrome de Tourette por un médico ha de manifestar Tics motores múltiples y al menos un tic fónico, que estos persistan durante al menos un año y que hayan aparecido antes de los 18 años . Asimismo, la presencia del síndrome de Tourette suele coexistir con distintos trastornos entre los cuales destacan los siguientes:
TDAH:
Se estima que entre un 50 y 60% de las personas con síndrome de Tourette tienen TDAH y a su vez, entre un 10 y 15% de los diagnosticados con TDAH tienen síndrome de Tourette. La aparición del TDAH suele preceder aproximadamente de 2 a 3 años a la aparición de los tics (Eapen et al., 2016).
Trastorno obsesivo compulsivo:
Alrededor del 27% de las personas diagnosticadas con el síndrome de Tourette presentan obsesiones (pensamientos insistentes y repetitivos) y compulsiones (actos o pensamientos que la persona necesita hacer para reducir la ansiedad). El TOC suele aparecer entre el final de la primera infancia o el comienzo de la adolescencia (Kloft et al., 2018).

Ansiedad y trastornos del estado de ánimo:
Aproximadamente en el 80 de los casos, la persona con síndrome de Tourette presenta sintomatología ansioso-depresiva, un conjunto de síntomas que suele encajar compartir criterios con el diagnostico de depresión mayor especialmente en la adolescencia. Los síntomas pueden ser afectivos caracterizados por la tristeza, sentimiento de vacío, labilidad emocional y tendencia al aislamiento. Los síntomas pueden manifestarse también a nivel físico, incluyendo agitación, inquietud, irritabilidad, alteraciones del sueño (insomnio o hipersomnia) y cambios en los hábitos alimentarios (hiperfagia o pérdida de apetito). Cabe destacar la posible aparición comórbida de un trastorno bipolar, especialmente en etapas más avanzadas del desarrollo evolutivo (Abbasi et al., 2023).

Trastornos de la conducta:
En lo que respecta a los trastornos de la conducta que habitualmente presentan comorbilidad con el síndrome de Tourette, se pueden agrupar en tres cuadros principalmente. En primer lugar, tendríamos el trastorno explosivo intermitente, caracterizado por episodios de ira, intensa e incontrolable, conductas que muchos autores coinciden en categorizarla como un complejo asociado a esa necesidad de la persona de liberar la tensión emocional que puede estar sintiendo en un momento puntual. En segundo lugar estaría el trastorno social, patología que acarrea graves alteraciones del comportamiento que pueden llegar a vulnerar los derechos de otras personas o animales y que derivado de este tipo de comportamientos se vea afectada la convivencia social. Este tipo de conductas ser robos, al trato, animales o peleas frecuentes. en último lugar se encontraría el trastorno negativista desafiante, el cual se caracteriza de forma más leve que los anteriormente descritos, pero con una mayor duración en el tiempo, y es que se manifiesta en forma de desobediencia persistente a cualquier figura de autoridad, donde las discusiones frecuentes las mentiras y una actitud provocadora o desafiante es una constante (Gunturu et al., 2025).

Tratamiento de los trastornos asociados:
Para llevar a cabo un tratamiento psicológico de estos trastornos asociados al síndrome de Tourette resulta imprescindible hacerlo desde una perspectiva integral que combine distintos tipos de intervención. Un primer paso fundamental es llevar a cabo una intervención psico educativa. Es que tanto el paciente como su entorno familiar directo como sus amistades, han de comprender el trastorno, su evolución y aprender cuáles pueden ser las distintas opciones terapéuticas disponibles. En cuanto al plano psicológico, resulta altamente recomendable llevar a cabo un proceso psicoterapéutico, orientado a estos trastornos como mórbidos, siendo la terapia cognitiva, conductual una de las herramientas más eficaces para trabajar los pensamientos, emociones y conductas que puedan ser disfuncionales. Por último, en aquellos casos, en los que la intervención psicológica pueda resultar insuficiente, psique, ha de valorarse la incorporación de un tratamiento farmacológico, siempre bajo la supervisión de un profesional, como forma de combinar tanto la terapia psicológica como la farmacológica, para así tratar de alcanzar una mejoría significativa en la calidad de vida de quien sufre este tipo de trastornos anteriormente descritos (Roessner et al., 2021).

Tratamiento:
Con respecto al tratamiento del síndrome Tourette, la principal característica es que ha de ser totalmente personalizado para cada paciente, para que de esta manera se pueda responder de manera adecuada a las necesidades concretas del paciente. La gran mayoría de los casos no se precisa ningún tipo de medicación Para tratar los tics, únicamente se emplea meditación para aquellos casos en los que estos movimientos involuntarios resultan especialmente disruptivos en el día día de la persona. Cuando los tics generan un deterioro funcional significativo en la vida cotidiana, puede ser necesario recurrir a tratamiento farmacológico, siendo los bloqueadores dopaminérgicos una de las opciones más utilizadas, al actuar sobre la dopamina, una hormona estrechamente relacionada con el control del movimiento.Asimismo, la medicación también está recomendada para aquellos trastornos asociados al síndrome Tourette, como por ejemplo la ansiedad, la depresión, el TOC u otras condiciones psiquiátricas (Jurgen & Greenberg, 2024).

Conclusión:
El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico, cuya sintomatología principal engloba bimotores y vocales, los cuales frecuentemente están acompañados de trastornos como mórbidos con el trastorno por déficit de atención y hiperactividad, trastorno obsesivo-compulsivo, sintomatología, ansioso-depresiva o alteraciones comportamentales. Pese a que su origen exacto es un desconocido, estrés trastorno está estrechamente relacionado con desequilibrios neuroquímicos y disfunciones en distintas áreas cerebrales, sobre todo en aquellas implicadas en el control de movimiento y la inhibición del mismo. Elevada tasa de comorbilidad y la diversidad. La sintomatología hacen que resulte imprescindible un enfoque terapéutico integral, centrando, el proceso psicoterapéutico en psicoeducación, apoyo psicológico, individualizado y en los casos que sea necesario también resulta imprescindible tratamiento farmacológico.La personalización del proceso terapéutico y el acompañamiento continuo son elementos fundamentales para ayudar a mejorar la calidad de vida, de quienes conviven con este síndrome.
Referencias:
Abbasi, P., Tanhaie, S., & Kazeminia, M. (2023). Prevalence of depression and anxiety in patients with Tourette syndrome; 1997 to 2022: a systematic review and meta-analysis. The Italian Journal Of Pediatrics/Italian Journal Of Pediatrics, 49(1). https://doi.org/10.1186/s13052-023-01562-0
Eapen, V., Cavanna, A. E., & Robertson, M. M. (2016). Comorbidities, Social Impact, and Quality of Life in Tourette Syndrome. Frontiers In Psychiatry, 7. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2016.00097
Gunturu, S., Saeidi, M., Alzein, O., Jafari, K., Salehi, M., & Jaka, S. (2025). Unpacking Tourette Syndrome in Children: Insights into Prevalence and Comorbidities from NSCH Data. Journal Of Clinical Medicine, 14(5), 1485. https://doi.org/10.3390/jcm14051485
Johnson, K. A., Worbe, Y., Foote, K. D., Butson, C. R., Gunduz, A., & Okun, M. S. (2022). Tourette syndrome: clinical features, pathophysiology, and treatment. The Lancet Neurology, 22(2), 147-158. https://doi.org/10.1016/s1474-4422(22)00303-9
Jurgen, B. O., & Greenberg, E. L. (2024). Pharmacotherapy for Tourette Syndrome. Psychiatric Clinics Of North America, 48(1), 91-107. https://doi.org/10.1016/j.psc.2024.08.008
Kloft, L., Steinel, T., & Kathmann, N. (2018). Systematic review of co-occurring OCD and TD: Evidence for a tic-related OCD subtype? Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 95, 280-314. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2018.09.021
Robertson, M. M. (2016). Tourette syndrome in children and adolescents: aetiology, presentation and treatment. BJPsych Advances, 22(3), 165-175. https://doi.org/10.1192/apt.bp.114.014092
Roessner, V., Eichele, H., Stern, J. S., Skov, L., Rizzo, R., Debes, N. M., Nagy, P., Cavanna, A. E., Termine, C., Ganos, C., Münchau, A., Szejko, N., Cath, D., Müller-Vahl, K. R., Verdellen, C., Hartmann, A., Rothenberger, A., Hoekstra, P. J., & Plessen, K. J. (2021). European clinical guidelines for Tourette syndrome and other tic disorders—version 2.0. Part III: pharmacological treatment. European Child & Adolescent Psychiatry, 31(3), 425-441. https://doi.org/10.1007/s00787-021-01899-z
Singer, H. S., & Augustine, F. (2022). Tourette Syndrome: Circuits and Neurotransmitters. En Oxford University Press eBooks (pp. 231-256). https://doi.org/10.1093/med/9780197543214.003.0015
Szejko, N., Robinson, S., Hartmann, A., Ganos, C., Debes, N. M., Skov, L., Haas, M., Rizzo, R., Stern, J., Münchau, A., Czernecki, V., Dietrich, A., Murphy, T. L., Martino, D., Tarnok, Z., Hedderly, T., Müller-Vahl, K. R., & Cath, D. C. (2021). European clinical guidelines for Tourette syndrome and other tic disorders—version 2.0. Part I: assessment. European Child & Adolescent Psychiatry, 31(3), 383-402. https://doi.org/10.1007/s00787-021-01842-2