El guión social: los 30 como punto decisivo

Vivimos en una cultura en la que ciertos hitos vitales como pueden ser comprar una casa, formar una familia o consolidar una carrera siguen muy asociados al “éxito” de vida o a lo que se espera aspirar, a pesar de que las circunstancias sociales, económicas y personales han cambiado radicalmente. Cuando nos acercamos a los 30, se enfrenta una disonancia profunda entre lo que se espera socialmente y la realidad personal de cada uno. Eso genera angustia, frustración o incluso crisis de identidad.

Desde que somos pequeños, muchos transmiten lo que en psicología se conoce como “life script” cultural: un guión interno que marca cuándo deben ocurrir ciertos eventos como el matrimonio, los hijos, la compra de la vivienda, etc. Así pues, hay expectativas socialmente compartidas sobre cuándo deben suceder los hitos positivos de la vida, y estos guiones normalmente se sitúan en en la etapa de juventud adulta. Desde la psicología evolutiva, el paso a la adultez está marcado tradicionalmente por la consolidación de relaciones, roles familiares y estabilidad económica. Sin embargo, cuando estas tareas clásicas se retrasan o no ocurren, parece como si se fracasara. 

Como consecuencia, este guión idealizado ejercita una presión poderosa: si no “estas donde toca” a los 30, puede surgir un sentimiento de “no estar cumpliendo con tu papel” o “quedarse atrás”, aunque esa estructura ya no se adapte a muchas realidades modernas. Todo ello tiene un gran impacto psicológico; vergüenza o envidia, crisis de identidad, presión de conformidad y desconexión con el propio deseo.

No obstante, para no caer en ese ciclo rumiativo es muy importante parar a pensar; Qué es lo que realmente quiero?¿Las normas y expectativas están influyendo en mi comportamiento y mi deseo individual? Por ello, es vital dirigir el rumbo hacia el autoconocimiento, hacia qué es el éxito para cada uno, cuál es el apoyo social real percibido y promover modelos de vida diversos e igual de válidos.

La sorpresa, frustración o incluso el malestar al no cumplir con las expectativas tradicionales a los 30 no es un problema individual, sino un síntoma de una tensión social más amplia. Los “guiones de vida” culturales siguen pesando, pero ya no encajan con la realidad de muchas personas. Desde la psicología, podemos ofrecer herramientas para romper esas expectativas rígidas y construir una vida más auténtica, basada en lo que realmente importa para cada uno, no en lo que se supone que “ya deberíamos tener”.

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