La semana pasada se celebró en todo el mundo el 14 de febrero, San Valentín. Un día donde las parejas celebran su amor y complicidad. Sin embargo, más allá de las flores, los regalos y los bombones, esta festividad artificialmente impuesta en la cultura moderna esconde a menudo ciertos ideales sobre cómo “deberían” cimentarse las relaciones de pareja. Comprar el cariño a través de regalos o la necesidad de validación externa son solo algunos de los peligros que esta festividad entraña . Los fines comerciales detrás de este día a menudo pueden llevarnos a reforzar patrones y expectativas que pueden empujar a las personas vincularse desde la dependencia, la idealización o incluso la posesión.
Es por esto que convine plantearse ¿desde dónde construimos las relaciones? Ya sean relaciones de pareja, amistades o vínculos familiares ¿las establezco desde el egoísmo o la necesidad? O por el contrario valores como la igualdad, el respeto, la escucha o la confianza ¿son los pilares sobre los que descansa el peso de nuestras relaciones?
En blog de hoy exploramos algunos principios básicos sobre construir relaciones de manera saludable. Enamorarse puede ser una de las experiencias más enriquecedoras en la vida de alguien o también puede convertirse en el lugar en el que las personas pueden llegar a perderse y desaparecer.
- Las relaciones han de aportar más alegría de la que quitan.
En psicología, la conocida como “Self-Expansion Theory “ plantea que vincularnos a alguien a quien amamos nos ayuda a ampliar nuestra identidad; incorporamos experiencias, perspectivas y recursos que nos hacen crecer como personas (Emery et al., 2025). Esta manera de vincularse es saludable. Sin embargo, cuando expansión se convierte en borrado de nuestra propia identidad deja de ser saludable. No debemos confundir ser elegidos con estar a salvo, intensidad con intimidad, estar juntos con crecer juntos. Es distinto que alguien nos necesite a que alguien realmente nos valore.
Una relación sana no exige perderse para mantenerse. Las investigaciones muestran que las personas que diluyen su identidad dentro de la relación experimentan mayores niveles de ansiedad, más conflicto y una mayor inseguridad personal (Weiss & King, 2014). Porque cuando tu identidad colapsa, la relación deja de ser un espacio de crecimiento y se convierte en un espacio de supervivencia.
Algunos indicativos de que una relación no va bien podría ser: cuando la dependencia sustituye al compañerismo, cuando el miedo sustituye al amor y cuando la esperanza de que todo cambie reemplaza a los hábitos saludables que sostienen el vínculo.
El amor constituye una oportunidad para ser más tú mismo, no menos. De mostrar más partes de ti, no de esconderlas. Amar no debería implicar reducirte, suavizarte o silenciar aspectos esenciales de tu personalidad para encajar mejor en la vida de otra persona.
Diversos estudios señalan que quienes mantienen espacios propios y una identidad diferenciada tienden a construir vínculos más estables, con menos dependencia y mayor satisfacción a largo plazo (Huber, 2015).
No te hagas más pequeño para que alguien más pueda sentirse grande. No te conviertas en el regulador de las inseguridades del otro a costa de tu propia confianza. Una relación sana no exige que te reduzcas; te acompaña mientras te expandes.
2. No pongas tu propio proceso en manos de otra persona.
En pareja a menudo se espera que sea el otro el que repare aquello que nunca hemos trabajado por nuestra cuenta. Esperamos que cure nuestra herida de abandono, que repare nuestras inseguridades, que calme ese sentimiento de soledad o que reconstruya nuestra autoestima.
Pero una pareja puede acompañar tu proceso de sanación; no puede ser la cura. Puede apoyar tu crecimiento; no puede convertirse en su única fuente. Puede sostenerte mientras atraviesas momentos difíciles, pero no puede recorrer ese camino por ti.
El amor florece cuando dos personas crecen juntas, no cuando una se convierte en el salvavidas emocional de la otra. No es justo pedirle a alguien que repare heridas que no provocó, y tampoco es sano colocar sobre una relación el peso de resolver todo aquello que aún no hemos aprendido a sostener por nosotros mismos.
3. No ignores las señales
Hay señales claras de que te estás perdiendo dentro de una relación. Empiezas a pedir perdón por cosas que no han sido culpa tuya. Las preferencias de tu pareja siempre se imponen sobre las tuyas. Tus objetivos parecen volverse secundarios, mientras los suyos ocupan el centro. Tu voz se escucha cada vez más baja. Tus límites se difuminan y, cuando intentas marcarlos, no son respetados.
El verdadero amor no te hace encogerte. No castiga tu ambición. No coarta tu independencia. Al contrario: el amor saludable te mantiene fiel a lo que eres.Crece a mi lado, no por encima de mí.
No ignores las señales solo porque la atracción es intensa. No las ignores porque te asusta volver a empezar o porque temes que esto sea lo mejor que vas a tener.
Una relación sana no se sostiene desde el miedo a perder, sino desde la libertad de elegir.
4. Tres límites que nunca deben cruzarse
Autonomía.
Sigues teniendo tus propios pensamientos, intereses y decisiones. Estar en pareja no implica renunciar a tu criterio ni diluir tu identidad. Amar no significa fusionarse, significa acompañarse.
Equidad.
En una relación sana, ambas personas dan y ambas reciben. Es cierto que habrá etapas en las que uno sostenga más que el otro (por circunstancias vitales, laborales o emocionales), pero con la confianza de que, en otro momento, las tornas cambiarán. El equilibrio no se mide día a día, sino en la intención compartida de estar presentes y de contribuir al bienestar mutuo.
Honestidad emocional.
Poder expresar lo que sientes sin miedo a represalias. Poder decir “esto me duele”, “esto no me gusta” o “esto necesito” sin temor a que el vínculo se tambalee. Sin honestidad emocional no hay intimidad real, solo adaptación silenciosa.
El amor sano no te reduce, no te rescata ni te silencia. No nace del miedo a estar solo, sino de la libertad de elegir compartir la vida con alguien. Una relación saludable no te pide que seas menos para que el otro sea más; te acompaña mientras sigues creciendo, fiel a quien eres.
Referencias:
Emery, L. F., Hughes, E. K., & Muise, A. (2025). Self‐Expansion Theory: Origins, Current Evidence, and Future Horizons. Social And Personality Psychology Compass, 19(9). https://doi.org/10.1111/spc3.70082
Huber, J. R. (2015). Singer, J. A., & Skerrett, K. (2014). Positive couple therapy: Using we‐stories to enhance resilience. New York: Routledge, 183 pp. $39.95 softcover. Journal Of Marital And Family Therapy, 41(2), 251-252. https://doi.org/10.1111/jmft.12091
Weiss, A., & King, J. E. (2014). Great ape origins of personality maturation and sex differences: A study of orangutans and chimpanzees. Journal Of Personality And Social Psychology, 108(4), 648-664. https://doi.org/10.1037/pspp0000022