La creatividad es mucho más que un talento innato o un momento de inspiración repentino: es el resultado de una compleja danza entre distintas regiones del cerebro que trabajan en sincronía para transformar ideas comunes en soluciones originales y prácticas. Gracias a los avances en neurociencia, hoy sabemos que este proceso puede entenderse, medirse y entrenarse. ¿Quieres descubrir qué sucede realmente en tu mente cuando tienes una idea brillante y cómo puedes despertar ese potencial creativo que todos llevamos dentro? Este es el viaje al corazón del cerebro creativo.
Qué es la creatividad desde la perspectiva científica
La creatividad se define como la capacidad de producir ideas, soluciones o productos que sean simultáneamente novedosos y útiles. Implica combinar información conocida de manera novedosa, establecer conexiones inusuales y adaptarse con flexibilidad a contextos cambiantes.
No se limita a las artes o la invención. La creatividad está presente en la resolución de problemas cotidianos, en el liderazgo, en la docencia, en la investigación científica y en el ámbito laboral, entre otros.

Qué áreas del cerebro intervienen en la creatividad
Contrario a la idea de que existe un «lado derecho creativo del cerebro», las investigaciones actuales indican que la creatividad surge de la interacción entre varias redes neuronales. Las principales son:
- Red neuronal por defecto (Default Mode Network – DMN)
Se activa cuando la mente no está enfocada en tareas externas. Está relacionada con la imaginación, los recuerdos personales, la ensoñación y la generación espontánea de ideas. - Red de control ejecutivo (Executive Control Network)
Encargada de los procesos de atención, razonamiento y toma de decisiones. Es esencial para filtrar y refinar las ideas creativas generadas espontáneamente. - Red de saliencia (Salience Network)
Ayuda a alternar entre las otras dos redes, determinando qué información interna o externa merece atención en un momento dado.
Las personas con mayor capacidad creativa muestran una mayor conectividad y flexibilidad entre estas redes, lo que les permite generar muchas ideas, evaluarlas críticamente y mantener el foco cuando es necesario.
Procesos cognitivos implicados en el pensamiento creativo
La creatividad no se trata de un único proceso, sino de una combinación de varias funciones cognitivas que trabajan de manera integrada. Entre las más importantes:
- Pensamiento divergente: la capacidad de generar múltiples respuestas posibles ante un mismo estímulo o problema.
- Asociación remota: establecer conexiones entre conceptos lejanos o aparentemente no relacionados.
- Inhibición cognitiva selectiva: suprimir respuestas automáticas o convencionales para permitir soluciones más originales.
- Tolerancia a la ambigüedad: manejar la incertidumbre sin necesidad de llegar rápidamente a una única solución.
¿Se puede entrenar la creatividad?
Sí. La evidencia científica demuestra que la creatividad no es un rasgo fijo. Aunque existen diferencias individuales (genéticas, educativas, culturales), la creatividad puede potenciarse con entrenamiento. Algunas estrategias incluyen:
- Fomentar la curiosidad y la exploración de nuevos temas.
- Practicar ejercicios de pensamiento lateral o escritura libre.
- Alternar períodos de enfoque intenso con momentos de descanso o desconexión.
- Buscar experiencias nuevas, incluso fuera de la zona de confort.
- Exponerse a la diversidad: de personas, ideas, disciplinas y culturas.
Además, los entornos que promueven la libertad de expresión, la aceptación del error y el juego simbólico tienden a facilitar la expresión creativa.
La creatividad es un recurso cognitivo adaptativo
La creatividad no se trata de un lujo ni una rareza. Es una capacidad profundamente humana, con base en la arquitectura cerebral, que permite adaptarnos, innovar y dar sentido al mundo.
Comprender cómo funciona en el cerebro no solo desmitifica el proceso creativo, sino que abre la puerta a cultivarlo conscientemente. En una época marcada por la complejidad y la incertidumbre, la creatividad se vuelve una habilidad esencial para el trabajo, la educación, el bienestar emocional y la resolución de problemas sociales.
Con todo ello, no se trata de esperar a que llegue la inspiración, sino de aprender a generar las condiciones para que ocurra.


Bibliografía recomendada
- Beaty, R. E., Benedek, M., Silvia, P. J., & Schacter, D. L. (2016). Creative cognition and brain networks.
- Jung, R. E., & Vartanian, O. (Eds.). (2018). The Cambridge Handbook of the Neuroscience of Creativity.
- Kaufman, S. B., & Gregoire, C. (2015). Wired to Create: Unraveling the Mysteries of the Creative Mind.