Anteriormente se ha escrito en torno al síndrome de burnout en este blog. Hoy me gustaría centrarme en cómo éste afecta a los profesionales de la salud mental. Tal y como apuntamos en el blog dedicado al síndrome de burnout, que animo a leer a los interesados en el tema, se definen como una forma inadecuada de afrontar el estrés crónico, cuyos rasgos principales son la despersonalización, el agotamiento emocional y la disminución de la realización personal.
El nombre del síndrome de burnout empieza a sonar tal y como lo conocemos hoy en los 80 con la aproximación que hacen Maslach y Jackson, y aunque a día de hoy hay sendas investigaciones en torno a la implicación de este síndrome en todos los ámbitos laborales, es cierto que clásicamente el foco de éstas estaba en los profesionales del ámbito de la salud.
El trabajo en salud mental está basado en el apoyo y servicio de la persona que está en la necesidad de recibir este tipo de ayuda. Por esto mismo, el trabajador de la salud mental va a tener que hacer uso de recursos emocionales e interpersonales. Muchas veces este uso de recursos se puede ver sometido a un desgaste, suponiendo, inevitablemente, una fuente de estrés para estos profesionales. Este evento, hace que los profesionales de la salud mental sean un grupo vulnerable a la triada que componen los síntomas del síndrome de burnout: agotamiento emocional, despersonalización y disminución de la realización personal.
Por supuesto, este estado es un motivo de malestar para los profesionales, pero también puede influir en el desempeño de trabajo que están teniendo. Así, es fácil que, de manera indirecta, la persona atendida también se vea afectada por la situación. Como ejemplo de ello, el sentimiento de despersonalización puede llevar al profesional a una situación de distancia emocional en cuanto a la persona tratada. Incluso de distancia con respecto a ellos mismos con su propio trabajo.
Podemos identificar varias fuentes dentro del origen del síndrome de burnout en los profesionales de la salud mental. La carga de trabajo sería una de ellas, sobre todo cuando ésta viene con la falta de los recursos necesarios. Otro aspecto a destacar es la falta de recompensa (por ejemplo por no recibir el suficiente refuerzo económico, ambiente laboral conflictivo…)… En definitiva, el desajuste entre el entorno laboral y el propio trabajador. Aun así, no podemos dejar sin mencionar el sentimiento de responsabilidad en cuanto a la persona tratada. Sin duda, muchos profesionales se van a sentir identificados con este punto, y es que, parte de esas responsabilidades conlleva el mantenimiento de relaciones fuertes y sanas con la persona tratada, así como trabajar con situaciones de la propia vida de estas personas que muchas veces pueden ser emocionalmente duras y complicadas.
Es importante señalar las características que vienen con este síndrome en los profesionales de la salud mental. Es importante tener en cuenta estos tres, no solo para su identificación, sino también para dotar a los profesionales de recursos para intentar prevenir su aparición:
- Fatiga por compasión. Cuando el profesional se ve superado por el estrés emocional de la relación empática terapéutica que acompaña sensación de impotencia, apatía, irritabilidad…
- Trauma secundario. Cuando una persona experimenta el estrés emocional del trauma debido a la escucha de la persona que ha vivido el trauma de primera mano.
- Trauma vicario. Traumatización terciaria debido al impacto acumulativo o micro-traumas derivado de la práctica profesional.
Para todos estos profesionales es importante la identificación del síndrome de burnout, en especial para la prevención. Reducir el malestar derivado del trabajo no solo es importante para la salud mental, sino que también para poder disfrutar plenamente de esta rama profesional, que por supuesto, trae consigo cosas muy positivas.