Adicciones: ¿qué son?

Hoy en nuestro blog abordamos de forma introductoria el tema de las adicciones, un fenómeno complejo que afecta tanto a la salud física como al bienestar emocional y social. Este primer artículo ofrece una visión general que nos ayudará a comprender mejor los contenidos que desarrollaremos en próximas entregas.

Cuando hablamos de adicciones, nos referimos a hábitos que implican conductas potencialmente peligrosas de las que la persona no consigue desprenderse debido a una dependencia psicológica, fisiológica o ambas. Esto se traduce en una búsqueda compulsiva de sustancias o en la repetición de comportamientos, a pesar de las consecuencias negativas.

¿Cómo se diagnostica un trastorno por consumo de sustancias?

El DSM-5-TR establece que existe un trastorno por consumo de sustancias cuando aparece un patrón problemático de consumo que provoca malestar o deterioro significativo y que cumple al menos dos criterios durante un período de 12 meses.
Entre los criterios se incluyen:

  • Necesidad de consumir más cantidad o durante más tiempo del previsto.
  • Deseo persistente o intentos fallidos de dejar el consumo.
  • Uso de mucho tiempo para conseguir, consumir o recuperarse de la sustancia.
  • Craving o deseo intenso de consumir.
  • Problemas en el ámbito laboral, académico o familiar debido al consumo.
  • Conflictos sociales recurrentes relacionados con la sustancia.
  • Abandono o reducción de actividades importantes.
  • Consumo en situaciones físicamente peligrosas.
  • Continuación del consumo pese a problemas físicos o psicológicos causados por la sustancia.
  • Tolerancia (necesidad de más cantidad para obtener el mismo efecto).
  • Abstinencia (síntomas desagradables al interrumpir el consumo).

Más allá de las sustancias: las adicciones comportamentales

Cuando pensamos en adicciones, solemos imaginar drogas, como alcohol, el tabaco, la cocaína…  Sin embargo, hoy sabemos que también existen adicciones sin sustancia, en las que no hay un químico externo, pero sí una conducta que se vuelve difícil de controlar, y de manera similar a lo que ocurre en las adicciones con sustancias.

Entre las más frecuentes encontramos:

  • Adicción al juego (ludopatía): una de las más estudiadas y con mayor impacto social.
  • Adicción a las nuevas tecnologías: móviles, redes sociales, internet o videojuegos, especialmente cuando se usan como vía de escape emocional.
  • Compra compulsiva: gasto excesivo acompañado de culpa y pérdida de control.
  • Adicción al sexo o a la pornografía: necesidad repetitiva que afecta a la vida afectiva y social.
  • Ejercicio físico compulsivo: rutinas rígidas que, lejos de promover salud generan ansiedad y deterioro.

En todas ellas se observan patrones similares a las adicciones con sustancias: craving, tolerancia (necesidad de más), pérdida de control y dependencia y consecuencias negativas en la vida diaria de la persona, además de irritabilidad excesiva y necesidad de volver a la conducta (síndrome de abstinencia). Estas conductas suelen pasar desapercibidas, en parte porque algunas están socialmente normalizadas. Sin embargo, pueden generar un impacto tan serio como cualquier adicción química.

Patología dual: cuando coinciden un trastorno mental y una adicción

En ocasiones, una adicción —ya sea a sustancias o a conductas— aparece junto a un trastorno mental como depresión, ansiedad, TDAH, trastorno bipolar, trastornos de personalidad o psicosis. A esta combinación la llamamos patología dual.

Se estima que más de la mitad de las personas atendidas en salud mental o adicciones presentan un diagnóstico dual, aunque la prevalencia varía según el trastorno. Por ejemplo, es muy frecuente en esquizofrenia, trastorno bipolar y ciertos trastornos de personalidad, y también aparece en alrededor del 30% de quienes padecen ansiedad o depresión.

La patología dual no es la simple suma de dos diagnósticos, no es “tener dos problemas separados”: es una condición que suele agravarse de manera mutua y que requiere una atención específica. Puede darse por distintos motivos:

  • La adicción aparece primero y desencadena o agrava un trastorno mental.
  • La persona consume para aliviar síntomas previos (que refleja la llamada “teoría de la automedicación”).
  • Ambos trastornos surgen por factores de riesgo compartidos, como el estrés, la genética o el entorno.

Las personas con patología dual suelen tener mayores dificultades para mantener tratamientos, presentan recaídas más frecuentes y suelen sentirse “fuera de lugar” en los recursos habituales, ya sea de salud mental o de adicciones. A esto se le añade la tendencia a una falta de conciencia mayor sobre las dificultades a asumir y una mayor ideación suicida. De ahí la importancia de una atención integrada, donde ambos problemas se aborden.

Pedir ayuda:

Hablar de adicciones no es fácil. Muchas personas tardan años en buscar ayuda por miedo, culpa o falta de información. Hay que destacar que pedir ayuda no es un signo de debilidad. Si tú o alguien de tu entorno está viviendo una situación relacionada con el consumo o con una conducta que se ha vuelto difícil de controlar, es fundamental dar el primer paso:

  • Hablar con un profesional de la salud (médico/a, psicólogo/a, trabajador/a social).
  • Acudir a centros o servicios especializados en adicciones.
  • Contar con el apoyo de personas de confianza.

Las adicciones, ya sean a sustancias o a conductas, forman parte de un fenómeno complejo que afecta a la salud física, emocional y social. Reconocer sus señales y comprender que se trata de un problema a tratar —no de falta de voluntad— es el primer paso para abordarlas adecuadamente.

La patología dual nos recuerda además que muchas personas conviven con más de un desafío a la vez, y que necesitan una atención integral y especializada.

Pedir ayuda a tiempo es fundamental: no es un signo de fracaso, sino el inicio del camino hacia la recuperación y el bienestar.

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