Por qué las víctimas de maltrato eligen parejas similares: lo que dice la psicología

No eligió mal. Eligió lo conocido.

Seguramente conoces a alguien —una amiga, una familiar, una compañera de trabajo— que salió de una relación de maltrato y tiempo después apareció con una nueva pareja que, vista desde fuera, parecía recién sacada del mismo molde. Quizás tú mismo te has hecho esa pregunta en voz baja, con una mezcla de preocupación e incredulidad: ¿otra vez? ¿Cómo es posible? Y la explicación que más circula, la que más daño hace, es también la más cómoda: mala suerte, mal gusto, o peor, que en el fondo ella lo busca. Ninguna de las tres se acerca siquiera a la verdad.

 

¿Qué tiene que ver la infancia con a quién amamos de adultos?

Todo, o casi todo. La forma en que nos vinculamos con los demás no nace cuando nos enamoramos por primera vez. Se construye mucho antes, en los primeros años de vida, observando y experimentando cómo respondían a nosotros las personas que debían cuidarnos. Si esa respuesta fue constante y predecible, probablemente desarrollaste un apego seguro: confías en los demás, toleras la distancia emocional, no necesitas la aprobación continua de tu pareja para sentirte bien contigo mismo. Pero si esa respuesta fue errática, fría o ausente, el cerebro aprende otra lección, más dura: que el amor es inestable, que hay que perseguirlo, que perder a quien quieres es la peor de las amenazas. A eso se le llama apego ansioso, y marca la manera de relacionarse de por vida si no se trabaja sobre ello (Loubat, Ponce y Salas, 2007; Momeñe y Estévez, 2018).

 

¿Por qué es tan difícil salir de una relación de maltrato?

Porque el maltrato rara vez es maltrato desde el primer día. Empieza con alguien que parece intensamente enamorado, que te hace sentir el centro del mundo, y que poco a poco va alternando esos momentos con episodios de control, humillación o violencia. Esa alternancia no es accidental: es exactamente lo que genera el vínculo más difícil de romper. Dutton y Painter (1981) lo llamaron unión traumática — el mismo mecanismo que produce el apego en situaciones de cautiverio opera en la relación de pareja violenta. Cuanto más daño hace el agresor, más deteriorada queda la autoestima de la víctima y, paradójicamente, mayor puede ser su necesidad de él. No porque lo quiera más, sino porque sin esa relación siente que no queda nada (Boira, 2010).

 

¿Y qué pasa cuando por fin sale? ¿Por qué se repite el patrón?

Aquí es donde la mayoría se equivoca al juzgar. Cuando una mujer sale de una relación de maltrato, el vínculo traumático desaparece, pero el mapa interno con el que elige pareja no. Ese mapa sigue ahí, construido desde la infancia, y le dice que lo familiar es lo seguro aunque lo familiar haya sido dañino. El perfil del hombre que antes la controló, que alternó el buen y el mal trato, que generó esa montaña rusa emocional, resulta paradójicamente el más reconocible. No el más deseable, sino el que activa las mismas respuestas de siempre: la necesidad de ganarse su afecto, el miedo a perderlo, la sensación de que ese amor hay que merecérselo (Loinaz y Echeburúa, 2012). Desde fuera parece una elección. Desde dentro es casi la única forma de amar que se conoce.

 

Comprender esto no exime a nadie de su responsabilidad, pero sí desplaza la pregunta hacia donde realmente importa: no por qué ella, sino qué necesita para reescribir ese mapa. Y esa es una pregunta que merece una respuesta mucho más honesta que la de la mala suerte.

 

Referencias bibliográficas consultadas

  • Boira, S. (2010). Intervención en violencia de género: Consideraciones en torno al tratamiento. Clínica Contemporánea, 1(2), 97–104. https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-05592010000200010
  • Dutton, D. G., & Painter, S. L. (1981). Traumatic bonding: The development of emotional attachments in battered women and other relationships of intermittent abuse. Victimology: An International Journal, 6(1–4), 139–155.
  • Loinaz, I., & Echeburúa, E. (2012). Adult attachment in partner-violent men. Acción Psicológica, 9(1), 33–46. https://doi.org/10.5944/ap.9.1.435
  • Loubat, M., Ponce, P., & Salas, P. (2007). Estilo de apego en mujeres y su relación con el fenómeno del maltrato conyugal. Terapia Psicológica, 25(2), 113–122.
  • Momeñe, J., & Estévez, A. (2018). Los estilos de crianza parentales como predictores del apego adulto, de la dependencia emocional y del abuso psicológico en las relaciones de pareja adulta. Psicología Conductual, 26(2), 359–377.
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